Hay noches en el trópico, en las que el calor y los mosquitos no te dejan dormir; los recuerdos parecen adorar este tipo de noches en la que el canto de los grillos, las ranas y las cuijas no logran callarlos y lo mantienen a uno aún más despierto hasta la madrugada...que rápida se nos hace la vida mientras los minutos transcurren como horas; la eternidad misma nos cabe en una noche de desvelo como si ya no fuéramos a tener un minuto más después del insomnio. Entonces, entre mis cosas, asoma la nostalgia que sale de cualquier libro, de cualquier objeto, de cualquier momento de esa eternidad diseccionada y apareces tú, ¿Por qué no?, casi como si fuera un accidente si no fuera por la reincidencia obstinada; al inicio como algo pequeño, una palabra, un gesto tuyo, una experiencia compartida y eso basta para entrar a un universo paralelo, para lelos habría que apuntarlo en afán de hacer justicia. Entonces, cuando he recreado otras realidades que están lejos de ser, tu recuerdo se apodera de mi piel cubriéndola toda y haciéndola acuosa, espesa, como una placenta enraizada; es un parásito con el que hago simbiosis, está ahí alimentándose de mi mientras me ayuda a soportar las noches de insomnio, ya muchas más de quinientas. Cuando la noche se está pintando de azul y la vida regresa a las calles -como si se fuera alguna vez- yo apenas estoy logrando reponerme, lucho con todas mis fuerzas que son pocas para lograr reducir ese bicho maligno a su mínima expresión. Remisión, cuando amanece, ya no es apenas visible, está ahí oculto entre el vitiligo y mi color moreno, es apenas una suave marca en el exterior sobre mi pecho que no pueden ver quienes me ven vestido. Me acompaña a todas partes, es pequeño, inofensivo cuando no lo alimento pero crónico, a veces me duele un poco pero basta con observar a mi alrededor para darme cuenta de que no tiene oportunidad, otras veces, en esas noches de insomnio, parece comerme vivo a pedazos; otras veces me pica, empieza con un escozor como callado hasta que mis uñas mismas me arrancan girones de piel ensangrentados...alguna vez, una mujer que me quiso mucho más de lo que yo quise, notó esa manchita, entre todas, en mi pecho cerrado como ostra, empezó a frotarla mientras yo dormía, acariciando a ese "monstruo lunar" que parece inofensivo, quizá más aún mientras duermo, al ver que mientras más rascaba más se oscurecía, quiso desaparecerlo por completo. Apenas desperté a tiempo para explicarle, que ese es tu recuerdo, que eso que parece un lunar en el exterior, uno pequeño, al intentar arrancarlo, se trae mi corazón consigo.
martes, mayo 19, 2015
jueves, abril 09, 2015
Nuestra terrible fragilidad...
Espero en la sala de urgencias de un hospital público; cuanto dolor, cuanto sufrimiento junto. A mi lado, pasan corriendo con una señora a la que llevan en brazos, el guardia de seguridad debe ayudar a cargarla, hasta yo empujo la puerta para que puedan llevarla ante el médico antes de consecuencias fatales; hay gente llorando, niños desesperados, con calor, con hambre y sed; hombres y mujeres cansados físicamente pero aún más cansados del alma, del espíritu, podría decirse que hasta de la fe, cansados de verse unos a otros sin encontrar respuestas, sin encontrar la solución que desesperados buscan entre el piso que alguna vez fue blanco y el plafón manchado de humedad insana...¿Qué pasa por la mente de todos ellos? Es difícil precisarlo, algunos hablan sobre la violencia, sobre la impunidad, otros sobre el clima cambiante, algunos sobre los riesgos del trabajo, muchos sobre la posibilidad de encontrar el peligro hasta en el propio hogar; así todos hablan indirectamente sobre la razón por la cual están en esta reunión macabra, en esta especie de purgatorio dantesco donde igual se ven quemados que heridos de bala, igual enfermos de la presión arterial que de la diabetes, igual gente que sufre en silencio que otros a gritos de dolor, hijos, padres, madres y otros parentescos que sufren al ver sufrir al ser amado mientras viajan entre el piso manchado y el plafón carcomido; en ese momento, la mayoría de las personas que esperan se hace solidaria, ahí, en esa antesala del infierno, muchos comparten el café, las palabras de aliento, el asiento, el espacio tan duramente conseguido, las anécdotas. Ya en la madrugada, los mas osados, los mas abiertos, también comparten el motivo de su visita a la sala de urgencias, el motivo oculto más bien porque los motivos últimos saltan a la vista, la mala salud tiene además el terrible hábito de ser indiscreta, se muestra plena en forma de sangre, pus, palidez, olores nauseabundos y ayes de dolor; "se cayó por unas escaleras", "se le subió el azúcar", "se puso mal de repente", "se desmayó de la impresión", "las diálisis ya no le funcionan", "le disparó un asaltante en su taxi", "chocó con sus amigos mientras venían de la playa" se cuentan unos a otros mientras se comparten remedios caseros que los médicos desprecian y adicionalmente se comparten otros datos casi inútiles que encuentran su única utilidad en llenar el silencio, en habitar lo deshabitado, en hacer un poco menos árido el páramo que es esta sala de esperas de urgencias porque poco o nada puede importarle al otro que también sufre que " mi yerno tenía un trabajo nuevo", que "apenas hace poco que dió a luz", que "acaba de terminar su licenciatura" que "comieron unas papas fritas" y otros datos similares que serán olvidados tan pronto como hayan sido dichos.
Llegan algunos, gritando, alarmando a la familia, adornando el sufrimiento producido por heridas leves pero vistosas que los médicos y enfermeras atienden mas o menos rápido para deshacerse de ellos, 'son molestos, coyones y exigentes' supongo que piensan algunos profesionales de la salud y los mandan a casa con un vendaje o un yeso mientras sus familias sonríen y hablan de 'la buena suerte o de la buena voluntad de Dios entre lo malo' o de 'que pudo ser peor'; de repente, para algunos menos afortunado la urgencia ya no lo es, porque la muerte puede ser fea y triste pero una vez alcanzada ya no tiene nada de urgente, pero se vuelve importante, más importante que el padecimiento que la produjo y entonces se oyen los lamentos, el llanto que sobrecoge, que enchina la piel, que crispa los nervios no solo por la natural -así es en la mayoría de las personas con sentido común y solidarios- empatía con el que sufre sino también por la latente posibilidad de estar en una situación semejante. El silencio se hace espeso, el aire denso, difícil de respirar; la sala de espera se convierte en velatorio, en una funeraria más triste que las otras porque ahí, unos voltean a ver a los otros pensando en la posibilidad de pasar por el mismo camino en las próximas horas y todos callan, viendo al piso y al plafón manchados mientras se hacen mil preguntas sin respuestas mientras se oye al fondo la voz de una enfermera que intenta consolar a los dolientes.
En la sala de esperas de urgencias, el tiempo transcurre con un ritmo diferente, los minutos se hacen permisivos y se toman más, mucho más que los sesenta segundos necesarios hasta el grado de convertirse en horas; el observador desde fuera, ajeno al dolor, al sufrimiento, puede ver que la sala de espera es todo movimiento: médicos sin dormir que llegan a informar y se van a toda prisa, enfermeras que corren de un lado a otro, voces altas pidiendo auxilio, gente hablando entre si sobre todo y mucho más; pero el observador desde dentro, ve a su alrededor en cámara lenta, a todos como maniquíes absurdos que adornan este escenario caótico donde no importa nada mas que las noticias propias, buenas o malas, y 'ojalá sean buenas' pensamos todos mientras dormitamos encorvados donde podemos.
No he estado en todas las salas de espera pero algo es seguro, aquí no sirve el orgullo ni el ego, ahí nadie compite por ver quien tiene más, paradójicamente aquí todos compiten por ver quien tiene menos y te haces un poco más humilde al saber que incluso tu dolor puede ser jerarquizado, priorizado mediante un cartel que va de azul a rojo según el nivel de la urgencia. "Pero si en la mañana estaba bien", "la medicina ya estaba funcionando", "pero si yo le acababa de dar de cenar", se escucha decir en los pasillos junto a otras cuestiones y reflexiones igual de interesantes, "debí ponerle más atención", "ni valía la pena que se arriesgara de esa forma", "es por años y años de malpasos" y un etcétera interminable de expresiones similares. No he estado en todas las salas de espera y tampoco he pasado por lo que muchos allí, pero algo es seguro, ahí todos hablamos sobre lo fácil que es el trámite de pasar de vivos a muertos, de sanos y felices a enfermos y desesperados; ahí la mayoría hacemos votos y promesas -religiosas o no- por 'si todo sale bien', por 'si salimos de esta', y reconocemos la fragilidad, esa, nuestra terrible fragilidad.
martes, abril 07, 2015
Venga...a desperezarse
Ya...ya...no te he abandonado, quizá un poco sí, ya sabes como es la novedad (ya no tan nueva, donde estoy aquí otra vez); las redes sociales y eso, que aportan muy poco la verdad a no ser que se tenga agregadas a las personas correctas y ya te digo, entre el facebook y el twitter me han tenido un poco distraído, incluso más eso, distraído que entretenido porque ahi vemos los contenidos una y otra vez como si al terminar el día nos reiniciaramos, nos lobotomizaramos y no recordaramos nada para al siguiente día volver a ver el mismo contenido con igual sorpresa...maldita pérdida de memoria a corto y largo plazo; pronto, el facebook será el paraíso de quienes sufren de alzheimer, si no es que ya lo padecemos todos. Pero aquí estoy de nuevo, intentando retomarte, escribiendo a prisa la prosa para no espantarla y que no vaya a salir corriendo, ejercitando los músculos de la sintáxis, de la coherencia, de la -vana- intención de perpetuar las ideas. Pero además, aunque no haya escrito aquí, no significa que no haya escrito en absoluto, en realidad, preparo unas poesías que han salido así de la nada, como si no las hubiera alimentado el dolor o el desamparo, la felicidad o el miedo, la esperanza o la desolación. Como han pasado los tiempos, recuerdo algunos de mis posts pasados, no he borrado ninguno, existen, en una bitácora vieja, ahí están también mis recuerdos, mis ideas, mis ideales y no me desdigo de nada aunque hayan cambiado con el tiempo y se hayan vuelto más radicales, más incómodos pero también más justos, porque sabes? he descubierto que pocas cosas incomodan tanto como la justicia, la de verdad, la que no se puede pagar, esa si incomoda a muchos, a los que siempre han -hemos- estado protegidos bajo su sombra (pero ya hablaremos tu y yo más adelante sobre el tema); una de estas tardes, voy a traerte una de esas escrituras pasadas para que me recuerdes, para que me compares, porque parafraseando a Nosequiénnimeimportaenestemomento soy el mismo de siempre, pero también soy otro a cada segundo que transcurre...¿A quién no le saca una sonrisa el encontrarse con el que fue? ¿A quién no le aterroriza el poder encontrarse con el que será? si es que seremos, quiero decir, porque esto de la vida es un álbur a todas luces.
miércoles, junio 18, 2014
domingo, junio 15, 2014
Hasta nunca jamás...
A mi amiga Laura Saut
Neverland
Una noche de repente
Vi tu sombra en la pared
en ningún lugar cambia la gente;
Sigo siendo Tinkerbell
Verte regresar a los años
Fue delirio, fue sorpresa
Quien carajo piensa en los daños
Cuando termina una ausencia
Se detuvieron las horas
Al menos, eso intente
Como Garfio, temo al tiempo
y escondiendo relojes, me vengue
Para volar polvo de hadas
Tantas veces te entregue
Con los ojos abiertos, azorada
En forma de risas, de palabras
y de fe
Luche para no pensar
Sin pensar en la razón
Pensamientos para volar
Consumiendo en la pasión
Pero tu mundo es fantasía
No existe en la realidad
Sólo queda la ambrosía
Diluyendose de a pocos
Dejando lo dulce en el paladar
Vuelve tu a tu infancia permanente
A ese mundo raro en neverland
Vuelve a tu Wendy, a tu hastío del presente
Yo me voy
Nunca Jamás
Autor: Raúl David Salomón García
Autor: Raúl David Salomón García
Derechos reservados
Etiquetas:
Eros y Tánatos,
poemas sin rima ni métrica
miércoles, marzo 12, 2014
Una ventana al sur, a todas partes...
Este fin de semana pasado, me asomé a través de una ventana; a través de un hueco en la pared que alguien con mucho empeño y malas formas abrió para que pudiéramos mirar para fuera, no digo para el sur porque uno está en el sur y sin embargo...pues bueno; ese alguien abrió un hueco en la pared que seguro más que ventana también se convertirá en puerta porque una vez que uno ve más allá de las cuatro paredes a las que ideológicamente -y a veces de forma pendeja también aspiracionalmente- se ha confinado, dan ganas de regresar a las raíces, a lo propio, a lo que no es forzado, a lo que viene bien desde todo el tiempo; a cruzar ese agujero hecho a empujones, a martillazos de conciencia y a mirar incluso desde el otro lado aunque ya no sepa uno si está adentro o afuera. Lo cierto es que al abrir esta ventana, se nos permitió mirar y mirar bien e incluso en algún momento, mirarnos con ojos nuevos, mirar a la ventana convirtiéndose en espejo y reflejar por primera vez algo fidedigno, algo sin el jodido efecto de la miopía del desdeño, de las cargas culturales históricas que nos han fregado por décadas, por siglos.
De repente, asomarme a esa ventana me dio la oportunidad de ver todo lo que somos, lo que hemos sido y lo que con suerte - y gente que abra nuevas ventanas - seguiremos siendo pero también nos muestra lo que no hemos querido ser; nos muestra lo que hemos negado y que en contraste es lo más valioso que tenemos porque es la forma en la que esta tierra nos ha marcado como suyos y la forma en que desde tiempos inmemoriales hemos marcado a esta tierra como nuestra. La verdad es que de repente me da vergüenza no haberme asomado hasta ahora, no haber visto más allá de las cuatro paredes, no haber sido capaz de extender el horizonte.
Pero en estas casas de concreto, en estas nuevas formas de convivir que tienden a lo individual, al egoísmo, a la mezquina satisfacción del orgullo personal y de los intereses monetarios, no existen remodelaciones sin estragos, parece imposible hacer un hueco en la pared y que la gente vea el maravilloso mundo nuevo que es mucho más viejo que el nuestro sin fijarse en el polvo levantado o en el esfuerzo necesario para levantar los escombros del descubrimiento, más aún, parece imposible hacer remodelaciones sin despertar la envidia de quienes no las han hecho antes, de quienes se han dedicado a levantar muros en lugar de abrir puertas y ventanas, más aún de quienes han hecho ventanas de papel, ficticias, para monopolizar el conocimiento, para racionalizar en libros aquello que solo puede alcanzarse a través de la emoción de la convivencia.
Al final no importa, también ellos han terminado por sucumbir ante la curiosidad, al final no importa porque ellos también están allí ahora, hablando de la ventana al sur, hablando de lo que pudieron hacer y no hicieron; al final no importa porque ellos también están allí igual que todos, mirando al sur.
Gracias a todos los que hicieron posible que viéramos hacia el interior, gracias Sara.
Al final no importa, también ellos han terminado por sucumbir ante la curiosidad, al final no importa porque ellos también están allí ahora, hablando de la ventana al sur, hablando de lo que pudieron hacer y no hicieron; al final no importa porque ellos también están allí igual que todos, mirando al sur.
Gracias a todos los que hicieron posible que viéramos hacia el interior, gracias Sara.
Etiquetas:
activismo,
cultura,
en que pensar,
Gente Increíble,
personal
sábado, febrero 01, 2014
Nos damos al mundo y VICEVERSA...
Diseñar, hablar, seleccionar el contenido, contactar creativos, viajar, conseguir recursos, conocer gente increíble, escuchar versos y poemas inéditos, desanimarse por la falta de lana, animarse por los golpes de suerte, por encontrar a la gente que piensa similar a uno, por encontrar compañeros de viaje que decidieron compartir esta 'habitación', por los proyectos que hemos decidido llevar a cabo juntos en La Prolectora, escoger los artículos, verlos hasta el cansancio y ya no saber si son bonitos o es la fuerza de la costumbre, seleccionar fotografías, conocer otros colectivos que luchan fuerte y sincero por la defensa y rescate de la cultura, por el rescate y difusión del conocimiento ancestral de 'la prole' como nos dijo de forma peyorativa la primera e ignorante niña; molesto por el entendido de que en este país la cultura no es, ni será -al menos en este sexenio- prioridad, pero también contento porque al final, como nuestro compañero Christian escribió en su artículo -y como dijo Mandela- "Todo parece imposible, hasta que se hace". O sea, resumiendo, estoy jodido y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también VICEVERSA.
Gracias a todos los involucrados, no los menciono aquí porque las omisiones son parte de la vida y los rencores por ellas, también; pero esto sería imposible sin la participación de todos los que pusieron su granito de arena, en un sentido o en otro para que esta primera publicación saliera a la luz.
Esta es la primera gran aventura del año.
Etiquetas:
activismo,
cultura,
E-ducación,
Gente Increíble,
personal,
VICEVERSA
martes, diciembre 31, 2013
Hablando de clichés...
Si, lo dicho, es un cliché completo...pero hay que reconocerlo, lo predecible de la vida le impone cierto orden -sin exagerar-; así que aquí estoy, haciendo mi recuento quizá también un poco para compensar lo abandonado que he tenido a este blog a últimas fechas porque a veces eso de vivir se interpone con aquello de contar lo que uno vive. Quizá es que uno con el tiempo deja de evaluar los años por los sucesos, quizá es que algunos dejamos de contar los días por lo que compramos o por el dinero que ganamos y empezamos a juzgarlos por el aprendizaje de vida, por los compañeros de este viaje con boleto solo de ida, por los escalones que se suben o se bajan en la escalera de la conquista de la 'humanidad' a la que todo ser humano debería aspirar.
En ese sentido, creo que pocos años me han enriquecido tanto como este para comprender que las injusticias deben combatirse aunque no sean en contra tuya, aunque no sean en contra de los tuyos [como dijo el Ché alguna vez, esa es la cualidad más linda de un revolucionario]; que aunque haya personas que no entiendan tu lucha esta es válida si viene acompañada de ideales, de sueños, de deseos del bien común y completamente despreciable si se desprende del deseo mercenario de servirse a si mismo, de entregarse al mejor postor en aras de beneficio personal y a corto plazo, que diseccionando revoluciones y movimientos sociales siempre encontraremos los dos tipos de persona, que el verdadero reto está en no convertirse en parte del abismo mientras uno lo combate, en no convertirse en un tirano para derrocar a otro, en distinguir y respetar la delgada línea entre la lealtad y la complicidad.
Aprendí también que las luchas son más poderosas cuando llegan acompañadas del ejemplo y que nadie puede prestarle sus alas a otro hombre, que cada uno debe conquistar su propia libertad; que las cadenas mentales son más fuertes que las de acero y que aunque la vida es una constante resistencia no debe perderse la capacidad de asombro, la facilidad para encontrar lo bueno en los otros y la felicidad de las cosas simples.
Este año coincidí en este mundo con gente maravillosa con amor por las letras, el tejido, la música, la pintura, la fotografía, los otros -animales y personas-; gracias a mis amigos de La Prolectora (otro magnífico resultado de este año) tuve la oportunidad de leer acompañado, de estar en el Aleph (ese lugar donde puede verse todo, desde todos los puntos de vista) conocí mundos que no imaginé, autores, poesía, ensayos y descubrí que la literatura además de dar placer abre la conciencia a otras realidades o a la propia que muchas veces transitamos con ojos vendados y oídos tapados.
Que en la vida cargamos con un montón de cosas nocivas por tradición familiar, por aferrarse al pasado, por el orgullo, por el miedo al futuro o a mostrarnos débiles, por agradar a gente a la que ni siquiera importamos ni nos importa; que como aconseja -tácitamente- Jodorowsky en su Manual de Psicomagia, lo ideal es rescatar el sentido común y dejar de hacerse pendejo porque la magia está dentro, a veces en el corazón y otras en el cerebro.
Comprobé que así como las madres suelen recomendar la limpieza y el orden de las habitaciones para no extraviarnos ni perder de vista las cosas importantes, también es necesario hacer una profunda limpieza emocional; rascar las heridas si es preciso, revivirlas, sufrirlas para finalmente desprender el corazón de amores malpagados, de falsos amigos, de expectativas sobradas y de planes desahuciados para rescatar de entre todo, la dignidad y acaso la integridad para después hacer un inventario, no de las cosas que uno no tiene sino de las que si, porque ese inventario será el único que sirva para continuar con nuestro viaje, el maravilloso viaje de la vida.
Así que -al menos ahora librándome del cliché- no estoy aquí para desearles un excelente 2014, sino para decirles que este año que empieza mañana será -a pesar de las circunstancias- tan genial o tan jodido como ustedes hagan que sea.
Disfruta el viaje, haz que suceda...
domingo, octubre 13, 2013
Dios se está riendo de mí...
...porque le estoy contando mis planes.
Pero es un buen momento para cambiar mis hábitos, para mover mi vida. Es un buen momento para hacer que el café se convierta en placer y no en rutina, es un buen momento para empezar a disfrutar de los amaneceres, de cambiar de perspectivas.
Pero Dios se sigue riendo... =)
Pero es un buen momento para cambiar mis hábitos, para mover mi vida. Es un buen momento para hacer que el café se convierta en placer y no en rutina, es un buen momento para empezar a disfrutar de los amaneceres, de cambiar de perspectivas.
Pero Dios se sigue riendo... =)
lunes, septiembre 30, 2013
La reforma educativa es urgente...
Urge una reforma educativa que establezca las garantías para que no se permita que se trate a los seres humanos como
a bienes de producción; una reforma educativa que permita reconocer las diferencias y sobre todo la
posibilidad de la autorrealización. Actualmente la educación fomenta el silencio, la
obediencia ciega; permite que el ser humano se convierta en un esclavo de la productividad,
nunca de la sensibilidad, en un frío índice, en una cifra que revisar por la
OCDE que pretende convertirnos a todos (los que no nacimos en superpotencias) en esclavos de las grandes empresas
trasnacionales.
Urge una reforma educativa que privilegie la colaboración,
los valores, la integridad familiar; urge una reforma educativa que vigile los
contenidos mediáticos que influyen directamente en el individuo en formación,
una reforma que obligue a voltear a ver a quienes han sido invisibles para
muchas generaciones (los grupos vulnerables como los indígenas, niños, personas
en situación de calle, mujeres, adultos mayores, etc.), una reforma educativa que nos haga concientes de nuestro valor como país y que nos dé las armas (ideológicas e intelectuales) para defendernos ante la voracidad del mundo actual.
Sacando cuentas, la instrucción escolar es, en la actualidad,
un catalizador que retarda la acción de los individuos, tanto para buscar el bien
propio como el bien común. ¿No me crees? Basta un vistazo rápido a la
instrucción escolar en México para establecer un parámetro: se necesitan - más
o menos – ¡veinte años! Para obtener un título profesional, mas algunos otros
de trámite, para acceder directamente -y sin escalas- al desempleo o al
subempleo (lo que en muchos casos es más grave porque limita la exploración de
mejores posibilidades en pos de la inmediatez, de la supervivencia);
posteriormente, una vez que hemos alcanzado la seguridad social, si eres uno de
los afortunados en lograrla, podrás considerar un éxito si alcanzas el derecho
a la vivienda para endeudarte –mas o menos- ¡otros veinte años!
La educación en México, como en otros muchos lugares de América
Latina, provee graves problemas en lugar de soluciones, nos prepara para una
vida de esclavitud moderna, para ser mano de obra barata de las potencias económicas
mundiales. Por ejemplo, en México, se habla ampliamente de la investigación científica pero
hay muy poco presupuesto para la investigación, para el patentamiento y para el desarrollo de tecnología; entre los países
de la OCDE, México es el país que menos invierte en este rubro y sobraría decir
porqué (somos, ante potencias como China, Estados Unidos, Reino Unido, Israel,
Japón, etc. los parientes pobres, los indeseables pero necesarios). Sin la
posibilidad de generar tecnología y conocimiento, pero con toda la
disponibilidad de consumirlo viniendo del extranjero, la educación pública
produce alumnos que terminan siendo empleados con nulos derechos laborales de
algún Oxxo, Bama, Chedrahui, Sams Club, Waltmart y con seguridad de DragonMart
cuando esté ya construido.
En otro ejemplo paralelo, se habla ampliamente de la cultura, de la conservación de nuestro patrimonio tangible e intangible pero se recorta mortalmente el presupuesto para la cultura y las artes al inicio de este sexenio y se pretende otro recorte de magnitudes retrógradas en este sentido. Nuevamente, el discurso de la escuela y el de la realidad se contraponen.
En otro ejemplo paralelo, se habla ampliamente de la cultura, de la conservación de nuestro patrimonio tangible e intangible pero se recorta mortalmente el presupuesto para la cultura y las artes al inicio de este sexenio y se pretende otro recorte de magnitudes retrógradas en este sentido. Nuevamente, el discurso de la escuela y el de la realidad se contraponen.
La globalización es el pretexto perfecto para torcer los
objetivos de la educación en México, dejamos de atender los problemas más
arraigados y profundos de nuestra sociedad (el hambre, la discriminación, el
poco o nulo desarrollo social de muchas comunidades, la dependencia alimentaria,
la falta de tecnología para el uso sustentable de nuestros recursos naturales,
etc) en aras de tener las competencias que exige el mundo globalizado, o mejor
dicho, las competencias que exigen las pocas empresas que concentran el capital
de este mundo globalizado.
Así, la educación se convierte en un paliativo, en un fin en
si mismo y no en un medio para alcanzar el bienestar que bajo las condiciones económicas
actuales jamás llega porque el sistema se ha preocupado por “formar”, aunque es
mejor decir adoctrinar a jóvenes adultos que aceptarán cualquier oferta de trabajo
con la esperanza de sobrevivir.
Es cierto, desde hace unos años, la educación superior
maneja el mensaje del autoempleo, de la generación de empresas frente a la
opción de ser asalariado o estar bajo la protección del presupuesto; pero
también es cierto que el sistema no privilegia la originalidad necesaria para
el emprendimiento sino la homogeneidad (Las mismas competencias para todos, sin
importar las diferencias) y tampoco promueve la formación de individuos capaces
de generar capital a partir de las ideas (único bien –aunque intangible- del
estudiante de nivel superior). Peor aún, el discurso del autoempleo que se
maneja en las escuelas, se convierte en una contradicción tan pronto se
confronta contra las políticas públicas que en lugar de fomentar, castigan a los
emprendimientos. Por ejemplo, hoy Pepe y Toño no estarían tan contentos de
saber que de aprobarse la reforma fiscal, que busca la desaparición de los
estímulos fiscales de que gozaban las MPYMES, ya no existen las posibilidades
de emprender un nuevo negocio.
Hoy, más que nunca, es un error pensar que el acceso a la
educa ción superior es sinónimo de bienestar. Por eso es urgente una Reforma
Educativa, pero una verdadera reforma educativa (no solo laboral) que busque
como fin el bienestar social y no solo la desaparición de poderes fácticos, una
reforma educativa que tenga por objetivo la alineación del discurso de la
escuela con las condiciones de la realidad (o mejor aún, viceversa), una serie de vínculos completamente
funcionales entre planes de estudio, políticas públicas y condiciones
socioeconómicas que den a todos y cada uno de los que estudian el nivel
superior – e incluso a aquellos que no- la oportunidad de trascender.
Gracias por leerme.
Etiquetas:
activismo,
E-ducación,
en que pensar,
personal
sábado, septiembre 28, 2013
Pasos para armar una revolución...de conciencias.
Profesor, no sé cuanto tiempo más estarás haciendo oír tu voz en las calles, no sé cuantos más se sumen al movimiento cuando las otras reformas (fiscal, energética, etcétera) impongan -de manera unilateral- una nueva forma de país, no sé si conseguirás tus objetivos; pero quiero decirte que la lucha debe continuar por siempre y para siempre. Cuando regreses a las aulas, quiero pedirte un favor; acabemos con este mal de raíz, acabemos con la posibilidad de que las condiciones de ignorancia y de intereses particulares sigan cubriendo a este país de tristeza, muerte, apatía, robo, tortura, intolerancia, saqueo y abuso de poder.
El poder del magisterio es inmenso, es más grande que toda la represión, es más grande que el poder económico, más grande que el poder de la televisión, es incluso más grande que los tres poderes de la República. El poder del magisterio radica en la posibilidad de sembrar en otros la idea de la libertad, la idea de la justicia, la idea de la equidad y la inclusión. En este mundo, no hay nada mas influyente que un maestro...que un buen maestro.
Te invito a seguir esta dirección en tu actuar como docente, sin importar el nivel educativo en el que impartas clases:
No. 1 Enseña a tus alumnos a leer y a analizar, a pensar lo leído. E inmediatamente después enséñalo a compartir lo que sabe, lo que piensa. Enséñalo a no callarse cuando la circunstancia obligue a hablar.
No. 2 Fórmalo crítico y propositivo. Enséñalo desde pequeño a pensar en soluciones y motívalo para que las ponga en práctica.
No. 3 Enséñalo a dudar, siempre a dudar. La radicalización de ideas está siempre basada en el dogma y eso es nefasto. La ciencia y la conciencia crecen precisamente por la capacidad de dudar.
No. 4 Enséñale a luchar por sus derechos y a cumplir sus obligaciones. Enséñale que el no cumplir con sus obligaciones tiene consecuencias pero también enséñale que, a pesar de ellas, debe desobedecer cuando hay injusticia de por medio.
No. 5 No sólo formes profesionistas o técnicos capacitados, preocúpate sobre todo por formar buenos seres humanos, con mucho sentido social, con capacidad de empatizar, de solidarizarse. Con la capacidad y el deseo de luchar por los que menos tienen, por los que no tienen voz (pero si voto), por los olvidados.
No. 6 Enséñale historia, mucha historia, para que no repita los errores que hemos cometido (ya muchas veces) como sociedad.
No. 7 Enséñale que la humildad debe ser su tarjeta de presentación con aquellos a quienes la vida ha privilegiado menos. Y que el carácter debe ser la tarjeta de presentación ante quienes ostenten el poder. Enséñalo a no humillar y a no humillarse, a ver a todos como sus iguales.
No. 8 Muéstrale un mundo aparte de la televisión, guíalo en sus aventuras, cuéntale las consecuencias que la adicción a la "caja idiota" ha provocado en nuestra generación. Cuéntale que los medios de comunicación unidireccionales como la tv manipulan la información de manera impune. Y nuevamente, hazlo dudar.
No. 9 Enséñale a no discriminar por ideas políticas, preferencia sexual, religión, raza, color, sexo, etc. Enséñalo a respetar las diferencias y sobre todo, a aprender de ellas.
No. 10 Enséñalo a colaborar, a compartir, no a competir. El sistema actual nos convierte en profundos individualistas, egoístas; capaces de todo con tal de lograr el éxito (y siempre en las escuelas enseñamos que el éxito es económico o no es éxito), el sistema nos prepara para la competencia, no para la colaboración.
Cabe aclarar profesor que para enseñar lo anterior, no hay competencia didáctica que valga si no existe el ejemplo de por medio.
Cuando regreses a tus aulas, continúa la lucha, no solo por restaurar tus derechos sino por restaurar los derechos de tod@s los mexican@s; trata de que no se repita la historia de cegarte y enmudecerte solo para que no toquen (o devuelvan) tus mal llamados "privilegios", trata de que la lucha sea igual de apasionada cuando se cometan injusticias contra cualquier otr@ en este país.
Profesor, tú tienes la oportunidad de cambiar conciencias, de despertarlas, no la desaproveches. Somos muchos, somos más.
Gracias por leerme.
Etiquetas:
activismo,
E-ducación,
en que pensar,
personal
sábado, agosto 03, 2013
Sé lo que quieras...
Aún no te encuentro pero sé que estas cerca, que frecuentas los mismos sueños que yo y que es probable que hayamos comprado las mismas ilusiones, las mismas esperanzas. Sé que odias muchos de mis hábitos y que odio algunos de los tuyos, que tienes ese humor simple que me gusta y que le permite a uno reírse de los chistes que ya escuchó. Sé que saboreas los encuentros en salsa de vino, que hay momentos del día en que no toleras la compañía y momentos de la noche en que no aceptas la soledad. Sé que tienes el coraje para levantarte después de una caída y que a pesar de estar en tierra tienes la capacidad de volar. Sé que tu sonrisa va a iluminarme los días, que tu cabello va a ser mi "línea de vida", mi hilo de plata, mi guarida; sé que cambiare muchos planes por ti y que ninguno va a pesarme, que no te completare, que no eres mi otra mitad, porque ya eres una persona completa, indivisible y única. Sé que gozaré de tus ausencias en las que rescataré mis espacios y silencios para disfrutar después de volverlos a perder contigo; sé que a pesar de mis celos, te haré querer a Benedetti (digo, no se puede ir por ahí en la vida sin quererlo) si es que no lo quieres ya. He llegado a tener la certeza de que no llegarás a hacerme la vida fácil sino emocionante y que alguna vez pensarás que he jodido la tuya; también sé que disfrutaré de mi reflejo en tus ojos, de tus reproches y de tu fingida indiferencia. Sé que es muy probable que odie tu comida, pero adoraré comer contigo y en ese mismo sentido sé que los domingos podré vivir sólo de besarte, de hacerte el amor y de atún enlatado. Sé que también me buscas y que también sabes muchas cosas sobre mí. Y mira, algo importante que también sé y que echa por tierra todo lo anterior...Sé que me gustará aún más la mujer que te gusta ser que la que me gustaría que fueras.
P.D. El título de este post juega con la ortografía; primero hace alusión al sentido mismo del texto sobre el saber (sé) pero también es una alusión a la independencia del ser (sé). Lo anterior es una nota meramente cultural.
domingo, junio 23, 2013
La sequía
Guillermina regresaba a su pueblo después de 3 años, cuando
se fue era tan frecuente la lluvia que sus chanclas siempre chapoteaban en los
charcos y los caminos empinados de la sierra. Esperaba que el perdón de los
suyos ya hubiera llegado por lo que ellos consideraban pecado, ella había
traicionado a su pueblo, a los 14 años, enamorada y deslumbrada por la
posibilidad de la existencia de otros mundos, donde los zapatos, los médicos, los
sillones de piel y las lámparas de cristal eran algo que se veía todos los
días, se había hecho amiga primero y luego amante de Werner Brunner un
ingeniero entrado en años llegado de Suiza para dirigir la construcción de una
hidroeléctrica que aprovecharía toda la lluvia de la sierra y para la edificación
–en el aire- de los sueños de la joven que vendía comida en el campamento de la
constructora. A la hora de comer, el ingeniero de ojos azules la hacía pasar a
su casa en el campamento, la única con las comodidades y le leía en su mal
español cosas que ella apenas le entendía en las mismas condiciones, le ponía
música de Wagner y Bach y le regalaba jabones que ella nunca pudo usar para no
verse descubierta; su belleza salvaje, inocente, no pasó desapercibida.
Pronto Guillermina se dio cuenta que las construcciones en
el aire son mala inversión, se equivocó y no conoció ni el amor eterno ni esos
otros mundos de comodidades como pretendía, por el contrario cuando resultó
embarazada, huyó después de que su padre y otros hombres del pueblo tomaran las
instalaciones de la constructora encargada de la presa, golpearan al ingeniero
y lo exhibieran humillado como una forma de decirles a los extranjeros que las
mujeres del pueblo debían respetarse. Ella en silencio testificó la cobardía de
Werner que lo negó todo, el amor, las promesas y las intenciones de envejecer ella
y decrepitarse él en aquel lugar escondido en la sierra, juntos. Finalmente el huyó para ese mundo
donde las comodidades existen cotidianamente y donde el fracaso es solo una
oportunidad para emprender algo diferente. Ella, con unos cinturonazos en la
espalda y el vientre, se fue para ese mundo donde no existen ni el perdón ni la
clemencia.
Quizá coincidentemente cuando ella se fue dejó de llover, la
lluvia los abandonó como si fueran la peste y no la merecieran en ese pueblo
sumido en la ira, el desinterés y falta de perdón. Más de treinta y seis meses,
más de 1095 días, más de 3 años sin una gota de lluvia. Al inicio los pastos se
marcharon, se pulverizaron, los arbustos y los árboles grandes y llenos de
sombra se fueron secando y el paisaje poco a poco fue tornándose amarillo,
luego café y luego el paisaje fue tan extraño que costaba trabajo a los propios
lugareños reconocerlo. Las ranas que antes lo llenaban todo con sus sonidos
como ritos de apareamiento ahora guardaban silencio, las cigarras también
callaron; el silencio se hizo ensordecedor sobre todo cuando el sol los castigaba
a medio día. Los labios de la gente empezaron a partirse y su piel se hizo poco
a poco reseca y escamosa, como la de las lagartijas; los hábitos también eran
los de los reptiles pero en sentido inverso, las calles del pueblo se llenaban
de gente en la mañana cuando el sol empezaba a evaporar lo poco que quedaba de
humedad y entonces el sereno les
recordaba el páramo de hacía apenas tres años, mojado y próspero. Después,
durante el día solo se veía en la calle a alguien que debía salir por causas de
fuerza mayor para luego ya tarde, todos salir a las vías polvorosas en que se
había convertido las calles cobijados por las sombras, por la obscuridad que empezaba
a conquistar su reino y no por la necesidad de socializar con sus vecinos sino
más bien para esperar que acabaran de enfriarse las láminas de zinc que eran
como comales calentando sus almas.
La presa quedó inconclusa, “Proyecto Inviable” declaró el
gobierno, como muchos otros había sido solo una promesa vacía de prosperidad;
con las exclusas expuestas y las compuertas precariamente acomodadas, el agua
retenida en los primeros niveles pronto se fue ocupando para las actividades
del pueblo de tal forma que al final solo era una humedad humeante, pestilente,
un lodillo persistente al que varios pobladores iban para recordar la ciénaga
en sus tiempos de esplendor; con el tiempo suficiente y los soles de mayo, esa
restante y depresiva humedad terminó por convertirse en polvo, en arena. Pero aún
si hubiera estado terminada no habría servido para nada porque no existía ya la
lluvia y los ríos antes llenos de vida se habían convertido en caminos de
piedra suelta al inicio malolientes por la mortandad de los peces.
La sequía parecía haberse instalado ahí para siempre, aun
así, nadie abandonó aquella tierra estéril, nadie se fue de ese cáliz de fuego
en que se había convertido un pueblo antaño productivo.
El problema real es que no solo se secó la tierra sino el
espíritu, las ganas de ser y tener se cambiaron por la apatía, por la pereza y
por la comodidad y la culpa ajenas. ¿Cómo no iban a ser un pueblo pobre si no
había llovido en años? La culpa ya no era de los individuos sino de los dioses
que se habían vengado de ellos por no haber cuidado lo que les habían otorgado.
La envidia se instaló en cada casa, dispuesta a devorarlos a todos y consumirlo
todo, el trabajo disminuyó, los animales domésticos perecieron por la sequía
unos y otros por la necesidad que los convirtió en comida, se murieron las
flores y las ganas de sembrarlas, la pintura de las casas pronto empezó a
colgar como una muestra más de que estaban convirtiéndose en reptiles que
cambiaban de piel por otra más fea, más básica. La muerte de doña Epifanía fue
el punto de inflexión en el que algunos incluso recordaron a Guillermina y
descubrieron el hecho de que las aguas se fueron justo cuando ella se fue. El
pueblo se había hecho tan apático, tan indolente y todos estaban tan
ensimismados que nadie se dio cuenta que la anciana llevaba veinte días muerta
dentro de la casa. La falta de humedad evitó que se pudriera y cuando la
encontraron era apenas un bultito momificado que tenía la piel quebradiza y
ajada como la de los libros muy viejos. Avergonzados, mirándose unos a otros no
pudieron reconocerse.
Nada más volver Guillermina, muchos advirtieron que también
llevaba en sus brazos una hija del color de la tierra con los ojos del color
del cielo…o del agua. Nadie tenía dudas de su origen, era la hija mestiza de la
mala suerte y del infortunio. Ella supo de la muerte de su padre, supo que
había muerto de sequía cuando un año antes su corazón se negó también a irrigar
la sangre a lo largo de sus venas; le dolía mucho no haber obtenido su perdón,
le dolía no haber vuelto antes pero el destierro tiene sus propias reglas, sus
propias necesidades, prioridades, orgullos y sus propias ideas de justicia.
Y también muchos advirtieron que el día que ella llegó
también llegaron unos apenas perceptibles aires del norte y una suave brisa que
mojó a todos por primera vez en tres años. A pesar de la inicial celebración
por la llegada de ese apenas perceptible rocío todos en el pueblo se quejaron
porque aumentó el calor que junto con la humedad produjo un bochorno tan
intenso que la gente tenía que salirse de las casas para poder respirar.
Muchos la vieron con curiosidad, relacionando la ausencia de
lluvia con los ojos tan llenos de azul de la niña mestiza y empezaron a
regalarle gallinas guineas recién cazadas que aún se acercaban buscando los
abrevaderos que ya no existían. Quiyahuitl empezaron a decirle algunos con
respeto y arrepentidos por haber golpeado a su padre, a la versión suiza de Tláloc.
Si los regalos preocuparon a Guillermina, terminó por horrorizarse cuando un
sábado en la mañana salió a barrer el patio de su antigua casa y descubrió
veladoras y muñequitas de trapo café con los ojos mal bordados de hilo azul que
estaban amarradas a papelitos de estraza con oraciones en favor de la lluvia.
Las muñequitas aparecían al amanecer y ella las quitaba, lo hacía con
tranquilidad, como si fuera a guardar las oraciones que terminaban siendo parte
del combustible del fogón; le tranquilizaba en parte el haber recuperado la
amistad de las personas del pueblo pero le asustaban los motivos; todos veían a
la niña con ojos de adoración, de fanatismo e incluso con el morbo que
despierta, por extraño, lo sagrado. Y
empezó a llover.
Cuando empezó a llover la gente agradecida le llevaba
regalos a Guillermina y a su hija lluvia, y no era que la madre no quisiera
poner un alto a esa adoración malsana, el problema era que la ofensa de devolver
los regalos a la recién descubierta deidad hubiera sido peor que haberse
enredado con el Ingeniero. Pero cuando las lluvias empezaron a azotar esa
tierra desprovista de árboles, arbustos o pastos que mitigaran el daño del agua
y cuando el polvo fino como talco se convirtió en un lodazal y el río empezó a
crecer con ese rumor siniestro, la gente empezó a preocuparse, le quitaron la
niña a Guillermina a golpes, la empujaron y la arrancaron de sus brazos para
llevarla al templo, una mezcla de capilla católica y teocalli donde el
sincretismo religioso unía a santos y dioses, a cristo y a quetzalcoatl, a la
oración y al rito mágico; ahí, colocada en lo alto de un altar se turnaban las mujeres del pueblo para
hacerle regalos, para hacerla sonreír y ella alejada de la madre ponía cara de
espanto y lloraba a ríos.
El pastor brujo del pueblo decidió que Guillermina no
entrara al templo para no perturbar a Quiyahuitl que tenía los ojos tan mojados
que parecían nubes descargándose en torrenciales aguaceros; todos estaban
concentrados en la iglesia, en trance por hongos que los hacían ver a Dios y no
escucharon el sonido de las piedras moviéndose impulsadas por el agua; no
vieron el terror en la cara de Guillermina cuando en medio de la noche escuchó
el estruendo de la presa quebrándose, tan concentrados estaban que no vieron a
la diosa de la lluvia bajarse del altar y reunirse con su madre en las puertas
de la iglesia, tan concentrados que nadie escuchó a Guillermina cuando trató de
ponerlos a salvo, de advertirles a gritos que la presa rota pronto descargaría
toda el agua contenida en los últimos días hasta borrar el pueblo del mapa.
Tuvo que alejarse corriendo con su hija en
brazos, subiendo los caminos de la sierra hasta la parte más elevada,
escuchando como la inmensa pared de cemento crujía como una rama seca, viendo
desde lejos como el agua brillaba a la luz de los relámpagos que enfurecidos
parecían latiguear a su pueblo en la sierra, mientras ella lloraba y su hija
sonreía enigmática, en medio del ruido de la tormenta alcanzó a escuchar las
voces que clamaban a gritos por Quiyahuitl, las voces que pedían perdón a Tláloc antes
de que el ruido de las aguas las callara para siempre.







